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Palacios de Lisboa
 
   

Luego de acoger la última exposición mundial del siglo XX, el espíritu metropolitano de Lisboa se ha venido renovando hasta los confines de lo ultramoderno. La mezcla perfecta de lo viejo y lo nuevo, recubre de identidad a las construcciones que decoran las calles lisboetas. Del resplandor inmejorable, hasta la pura y delicada linealidad de sus fachadas, la arquitectura lusa es agradable y original a la vista. Castillos, plazas, edificios emblemáticos y monumentos son los protagonistas de la particular obra arquitectónica de un Portugal que no deja de reinventarse y de hacerse un espacio vital en los confines del futuro cercano.

Como emblemas de la construcción de la capital lusitana, están los numerosos palacios que adornan la ciudad. El palacio de Belem, en los alrededores de la zona del mismo nombre, es de una belleza singular, especialmente por la conjunción entre la fachada fresca y los jardines frontales. Otro no menos hermoso y atractivo es el Palacio Nacional da Ajuda, que con sus tres arcos entre juntados, ofrece una fachada digna de admiración.

El Palacio Fronteira, con las texturas rojizas de su fachada hace espléndida armonía con el verdor de los jardines adyacentes y las esculturas perfectamente situadas. Otra construcción monumentalmente interesante, es el Panteón Nacional. Este edificio, se encuentra perfectamente situado al tope de una de las tantas colinas de la ciudad, en el llamado campo de Santa Clara, desde donde se puede divisar su majestuosa bóveda a la perfección.

El Castillo de San Jorge, es sin duda el más destacado monumento de la tan presente antigüedad de Lisboa. Ocupado por romanos, visigodos y árabes, resguarda un pasado incontestablemente rico. Puede ser visto prácticamente desde cualquier rincón de la ciudad y por sus alrededores se pueden dar inolvidables paseos merodeando sus jardines y su arco. Mirando a la rivera del Tajo, frente a la preciosa Plaza del Imperio, se erige desde el siglo XVI una maravillosa construcción del período de la dinastía del Rey Manuel I.

Se trata del Monasterio de los Jerónimos, una esplendorosa edificación nombrada Patrimonio de la Humanidad en 1984. Constituye una de las más importantes construcciones monásticas de Europa. Otro resultado maravilloso de la renovación que vio Lisboa para el año de 1998 fue la Torre Vasco da Gama. Una estructura que hace alegoría a una carabela, que permite tener bonitas vistas panorámicas del Tajo y de la ciudad.

En el mismo contexto de una Lisboa renovada se encuentra la Estación Ferroviaria de Oriente, una impresionante proyección del arquitecto Santiago Calatrava que marca sin duda, la expresión más modernista de la Arquitectura de Lisboa. Una línea de metro se conecta con una línea de tren. Ambas arterias se entrelazan con una zona comercial, todo bajo un imponente techo acristalado.