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Un paraíso en el que conviven
diferentes razas y culturas, de gran monumentalidad
y con una gran historia por descubrir.
Cómo llegar: Por la N-331 hasta Sevilla. Después,
tomar la salida por A-4 en dirección Huelva.
Y luego, por la A-49 se entra en Portugal.
Dónde comer: En la Rua da Conceiçao,
en el restaurante Coixa Bona se puede comer un menú
del día: primer plato, segundo plato, postre,
bebida y café; por 10 euros.
Dónde dormir: Hotel Dom Carlos
Park de 3 estrellas. Es recomendable contratar solo
alojamiento y desayuno para aprovechar todo el día
conociendo la ciudad. Buena calidad, buen servicio y
muy céntrico, ya que esta junto a la plaza del
Marques de Pombal.
No olvidar: Subir en el tranvía
de la línea 28, que es el que hace el recorrido
más largo y por las zonas más céntricas.
Es como hacer un viaje por el pasado.
Eduardo G. Arenas
«Lisboa, capital de Portugal,
es una urbe repleta de gentes de las más diversas
nacionalidades, razas y culturas del planeta, que llegan
a esta villa para pasar unas vacaciones o para permanecer
ahí para siempre. Una ciudad hospitalaria con
todos sus visitantes.
Lo ideal para conocer a fondo esta
ciudad es recorrer los puntos de más interés
en circuitos programados o excursiones contratadas en
el hotel elegido. Si la opción elegida es viajar
en vehículo privado para conocer a fondo la ciudad
por cuenta propia sin guías locales, entonces
lo recomendable es comprar un billete del bus turístico
que cuesta 14,50 euros por persona y tiene una caducidad
de 24 horas. Tiene veinte paradas y una frecuencia de
treinta minutos, y es posible apearse en cualquiera
de las estaciones y subir en otros vehículos
de este servicio, que ofrecen un recorrido por los monumentos,
calles y plazas de interés.
La ciudad cuenta con una historia muy
antigua, que se puede saborear en cada una de sus calles.
Así, la Lisboa antigua se asienta, como otras
urbes del mundo, sobre siete colinas, como sucede con
Roma, Estambul o San Francisco, por citar sólo
tres ejemplos emblemáticos. Los puntos más
notables de la ciudad se pueden conocer con un acercamiento
a sus colinas más monumentales.
La Colina de Alfama se asoma al Río
Tajo, fue la primera que se pobló y por tanto
la más antigua. En ella destacan monumentos como
el Castillo de San Jorge (siglo XII), desde el que se
pueden contemplar unas maravillosas vistas de la ciudad;
La Sé (Catedral de Lisboa, siglo XII), el Mirador
de Santa Lucía, la Iglesia-Convento de Madre
Deus (actualmente museo del azulejo) o la iglesia-monasterio
de San Vicente de Fora, dedicado a San Vicente de Zaragoza,
que fue proclamado patrón de Lisboa en 1173,
cuando sus reliquias se transfirieron del Algarve a
una iglesia fuera de las murallas de la ciudad. Diseñada
por el arquitecto Italiano Filippo Terzi y terminada
en 1627, tiene una fachada de tipo italiano, sobria
y simétrica.
El barrio más noble
La Colina de Barrio Alto está
separada de la colina de Alfama por un pequeño
valle al que llaman ‘La Baixa’ o barrio
bajo, y en esta zona destacan monumentos como el Mirador
de San Pedro, el Elevador de Gloria o la Iglesia de
San Roque. La parte más oriental de esta colina
es conocida como ‘El chiado’ y es la zona
noble de Lisboa, repleta de tiendas de moda, antigüedades
y librerías.
‘La Baixa’ o el barrio
Bajo, que separa las dos colinas anteriores, es un conjunto
que data de mediados del siglo XVIII. Y es que el 1
de noviembre de 1755 un fuerte terremoto destruyó
el 90 por ciento de Lisboa. Un seísmo del que
sólo se salvarían la Colina de Alfama
y el acueducto de las Aguas Libres.
La construcción de un canal
para llevar agua a la ciudad dio al rey Juan V la oportunidad
de satisfacer su pasión por las construcciones
grandiosas, ya que la única zona de Lisboa que
tenía agua era la Alfama. Este acueducto no se
terminó de construir hasta el siglo XIX, pero
en 1748 ya suministraba agua a la ciudad, con una longitud
total de 58 kilómetros en los aledaños
del Monasterio de los Jerónimos.
Ciudad arrasada
El resto de la ciudad queda primero
derribada y luego devorada por los incendios que se
sucedieron tras el seísmo. Además, por
si fueran pocas estas catástrofes, toda ‘La
Baixa’ queda arrasada por un tsunami que provoca
una ola de más de treinta metros de altura y
borra del mapa todo lo que se asentaba sobre el lugar.
Después de este desastre el
rey de Portugal, José I, ordenó la reconstrucción
de la ciudad, que fue perfilada por su primer ministro,
el Marques de Pombal, quien quiso diseñar las
calles anchas, paralelas y perpendiculares entre sí
en torno a las plazas Rossio y del Comercio. Las casas
se planificaron con similares características:
azulejadas y con elegantes balconadas en forja. De hecho,
a este peculiar estilo se le conoce como Pombalino.
En esta zona destacan monumentos como
la Plaza del Marqués de Pombal, con el monumento
dedicado a este noble que incluye alegorías sobre
las reformas que emprendió en la ciudad; el Parque
Eduardo VII y sus jardines botánicos, llamados
‘estufas’; la Avenida de La Libertad, con
sus aceras de dibujos a modo de mosaico realizados mezclando
piedra caliza y piedra basáltica y donde encontramos
el monumento conmemorativo a la primera Guerra Mundial.
Destaca también por su belleza la plaza de Restauradores,
en la que se encuentra el obelisco a los restauradores
de la Independencia portuguesa en 1640; la Plaza de
Rossio, auténtico corazón de Lisboa, en
la que están situados el Teatro Nacional María
II, de estilo neoclásico, y la estación
de tren de Sintra, estilo neo-manuelino.
El elevador de Santa Justa, construido
en 1902, permite una visión de la ciudad desde
otro punto de vista, ya que es el punto más elevado
sobre ‘La Baixa’. Diseñado por Raul
Mesnier de Ponsard, alumno de Eiffel, une la Rua del
Oro en la Baixa con el Barrio Alto y la iglesia do Carmo,
en ruinas como recuerdo del terremoto de 1755 (actualmente
museo arqueológico).
Emblemático y monumental es
el Barrio de Belem, que se encuentra bastante alejado
del centro de la ciudad, en lo que fue el viejo puerto,
en el que salían y llegaban las carabelas de
los navegantes portugueses, como Vasco de Gama o álvarez
Cabral. Otros sitios de interés son el Monasterio
de los Jerónimos, con su impresionante claustro;
y la Torre de Belem, situada a la entrada del río
Tajo, símbolo de la expansión de Portugal,
cuya construcción fue ordenada a Francisco de
Arruda por Manuel I en el siglo XV y que sirvió
como centro de recaudación de impuestos para
poder entrar a la ciudad.
Influencia islámica
Tiene las influencias islámicas
y orientales que caracterizan el estilo manuelino y
marca el fin de la tradición medieval de las
torres homenaje, formando uno de los primeros baluartes
para la artillería en Portugal. Parte de su belleza
reside en la decoración exterior, ya que está
adornada con cuerdas esculpidas en piedra, galerías
abiertas, torres de vigilancia en estilo mozárabe
y almenas en forma de escudos decoradas con esferas
armilares, como también la cruz de la Orden de
Cristo y elementos naturalistas, como un rinoceronte,
alusivos a los descubrimientos en ultramar. Su estructura
se compone de dos elementos principales: la torre y
el baluarte. La torre cuadrangular, de tradición
medieval, se eleva cinco pisos por encima del baluarte.
Cerca de la Torre de Belem se encuentra el Monumento
a los Descubridores, construido en 1960 para conmemorar
los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante,
la más importante figura del inicio de la era
de los Descubrimientos. Tiene 52 metros de altura y
homenajea a los marineros, patrones reales y a todos
los que participaron en los descubrimientos portugueses.
Carabela monumental
El monumento tiene forma de una carabela
con el escudo de Portugal en los lados y la espada de
la dinastía Avis sobre la entrada, Enrique el
Navegante se alza en la proa con una carabela en las
manos. En las dos filas descendientes de cada lado del
monumento están los héroes portugueses
ligados a los Descubrimientos. En la cara occidental
se encuentran Manuel I, que coge una esfera almilar;
el poeta Camões con un ejemplar de ‘Os
Lusíadas’ (la epopeya nacional de los portugueses,
1572); el pintor Nuno Gonçalves, así como
famosos navegantes, cartógrafos y reyes.
El recorrido por Lisboa se puede completar
con una visita al Parque de las Naciones, conformado
por el recinto que ocupó la Expo’98. Es
un moderno barrio residencial con arquitectura de diseño,
hoteles y centros comerciales. Aquí se encuentra
el puente más largo de Europa Occidental, Vasco
de Gama, de 18 kilómetros. Y otra de las maravillas
de la capital lisboeta es el puente colgante 25 de Abril,
llamado así por la Revolución de los claveles
y construido en 1966, que une la autopista del sur con
el centro de Lisboa cruzando sobre el río Tajo.
Fuente: http://servicios.diariosur.es
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